En nuestra primera cita analizábamos la importancia que tiene la motivación como motor impulsor de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje. En esta segunda, nuestro análisis-coloquio de “mesa camilla” propone como tesis de opinión que dicho proceso no sólo necesita ese motor que lo impulse, sino otras piezas o elementos que lo acompañen para conformar un buen vehículo -valga la metáfora- seguro y eficaz, y además, un buen conductor o conductores que lo dirijan y orienten.
Nuestra primera mirada reflexiva tiene como protagonista al conductor del vehículo. Él es el que lo pone en marcha y dirige la conducción. De ahí su importancia en este apasionante viaje por el mundo educativo. La ciencia pedagógica enseña que son muchos los agentes que participan en este acto tan complejo de educar, pero al mismo tiempo señala a los padres como los primeros y principales educadores de sus hijos, y a la familia como el ámbito adecuado que lo hace posible. Es incuestionable que las dos tareas, la de ser padres y al mismo tiempo educadores de los hijos están unidas íntima y esencialmente. Pero también nos dice que dicha tarea no es un acto de intervención unidireccional que se dirige de padres a hijos, sino un acto de interacción padres-hijos y viceversa; que cuando educamos a los hijos hemos de ser conscientes que nos involucramos en un proceso de enseñanza-aprendizaje y de crecimiento mutuo. ¡Qué importante es comprender este aspecto de la práctica educativa en la familia y también en otros ámbitos educativos para no perdernos por rutas peligrosas!
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