LA GRAN AVENTURA DE EDUCAR

En nuestra primera cita analizábamos la importancia que tiene la motivación como motor impulsor de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje. En esta segunda, nuestro análisis-coloquio de “mesa camilla” propone como tesis de opinión que dicho proceso no sólo necesita ese motor que lo impulse, sino otras piezas o elementos que lo acompañen para conformar un buen vehículo -valga la metáfora- seguro y eficaz, y además, un buen conductor o conductores que lo dirijan y orienten.

Nuestra primera mirada reflexiva tiene como protagonista al conductor del vehículo. Él es el que lo pone en marcha y dirige la conducción. De ahí su importancia en este apasionante viaje por el mundo educativo. La ciencia pedagógica enseña que son muchos los agentes que participan en este acto tan complejo de educar, pero al mismo tiempo señala a los padres como los primeros y principales educadores de sus hijos, y a la familia como el ámbito adecuado que lo hace posible. Es incuestionable que las dos tareas, la de ser padres y al mismo tiempo educadores de los hijos están unidas íntima y esencialmente. Pero también nos dice que dicha tarea no es un acto de intervención unidireccional que se dirige de padres a hijos, sino un acto de interacción padres-hijos y viceversa; que cuando educamos a los hijos hemos de ser conscientes que nos involucramos en un proceso de enseñanza-aprendizaje y de crecimiento mutuo. ¡Qué importante es comprender este aspecto de la práctica educativa en la familia y también en otros ámbitos educativos para no perdernos por rutas peligrosas!

Continuando con nuestra metáfora, una segunda mirada sitúa nuestra reflexión en la necesidad de que el conductor o conductores conozcan bien la ruta por donde se desea llevar el vehículo. La práctica educativa a través de la historia -y también en la actualidad- nos ha ofrecido y ofrece caminos educativos diferentes. Los que tenemos ya una cierta edad sabemos de rutas que hoy día serían impracticables e incluso delictivas. Sólo con acercar nuestra reflexión a los sinónimos con los que se ha significado el acto educativo nos llevaría a un debate muy interesante. Recordar algunos nos puede ayudar a escoger nuestra propia ruta: modelar, moldear, formar, cultivar, abonar, influir, iluminar, despertar, extraer, ejercitar, fortalecer recuperar… Son solo una muestra; pero si pensamos en cada uno de ellos podemos encontrar elementos diferenciadores que de alguna manera matizan lo que queremos hacer cuando hablamos de educar. De ahí la importancia de adquirir una buena brújula o en la actualidad un buen GPS que nos ayude a no perdernos por el camino. En el campo de la educación los caminos equivocados pueden producir situaciones dramáticas. A mí personalmente, sin intentar aconsejar, siempre me ha gustado porque ha dado sentido a mi tarea educativa como padre y como profesional de la docencia, lo que decía Hesiodo, un poeta de la antigua Grecia, cuando hablaba de educación: “La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser”. Con tan pocas palabras -ayudar, aprender a ser, capacidad de ser- se podrían llenar muchas páginas y horas de reflexión y debate. Irán saliendo en próximas citas.

Y por último, al hablar de los conductores, una importante advertencia: “no se olviden de llenar bien el depósito y con un buen carburante pues el viaje es largo y trabajoso; su componente principal creo que es el amor, y para completarlo unas buenas dosis de confianza, paciencia y constancia.  Hoy día puede ser un carburante bastante caro y difícil de adquirir, pero siempre lo bueno se consigue con esfuerzo”. Continuaremos dialogando porque la maquinaria es compleja y necesitada de muchos ajustes.

Luciano

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